Este recurso que os proponemos hoy, está disponible en la Revista Digital del Portal de Educación de la Junta de Castilla y León. Así que, para facilitaros la tarea, os lo desgranamos a continuación.
Para Primaria merece la pena, y es otra manera de trabajar las habilidades personales, el propio conocimiento (última sección), el conocimiento de los demás y el respeto a las diferencias. Sencillo, rápido y ahora, con acceso digital directo jejeje. Son 6 partes y van todas del tirón.
Taller de Diversidad 4. Discapacidad de movimiento.
Pulseras de colores
Carmen Espinosa Ballestero. Maestra de Educación Primaria.
La necesidad desesperada de no ser diferente dentro de su grupo social es parte de la inmadurez de los niños y niñas. Si, además, perciben cotidianamente los prejuicios discriminatorios de los adultos, asumir las diferencias como naturales empieza a convertirse en inalcanzable.
Ofrecemos este Taller de Diversidad con dos objetivos: trabajar la comprensión lectora y educar en la igualdad.
Materiales: Seis relatos breves, centrados cada uno en una diferencia (física, intelectual, visual, auditiva y motriz) para trabajar en clase.
Desarrollo:
Primera posibilidad:Los alumnos/as leen el relato individualmente y realizan un cuestionario de comprensión lectora que previamente se prepare.
Segunda posibilidad:La profesora lee dos veces el relato. Tras la escucha, los alumnos/as dibujan cuatro viñetas en un folio resumiendo la historia con dibujos, bocadillos y texto. (Es cómodo pedirles que doblen la hoja dos veces y repasen las marcas con el lápiz) Después se recogen los trabajos para exponer en clase y se abre un debate sobre la diversidad.
Tercera posibilidad:Los alumnos/as preparan un cuentacuentos colectivo con el relato para ser leído a compañeros de otras clases. Tras la lectura, se forman grupos heterogéneos entre las dos clases y se reparte a cada uno un párrafo del cuento. El grupo realizará la viñeta correspondiente, de forma que, al exponer todas las viñetas en un corcho, se compone la historia. (Es cómodo numerar los párrafos que se les dan y poner el mismo número a la viñeta correspondiente. Los párrafos se pueden cortan directamente de la misma hoja para no hacer más fotocopias.) Ver
Revista Digital – Talleres- “Cómo animar la lectura expresiva en el aula”.
PULSERAS DE COLORES
Los niños levantaron la vista de sus dibujos cuando la directora entró en clase. La observaron acercarse al profesor, y dirigirse a él en un susurro que les dejó sin saber qué pasaba. Éste la escuchó mirando al suelo, con los brazos cruzados contra el pecho. Luego, clavó en ella una mirada airada y espetó:
- Pero ¿dónde?, ¿dónde lo meto?- Fermín, el tutor de 3º, visiblemente contrariado, no hizo por su parte el menor esfuerzo porque no le oyeran.
¿Meter qué?, pensaron los niños.
- ¿Cuándo? ¿Ahora? ¡Tú estás trastornada!- proseguía el profesor sin el menor recato.
La cosa debía ser grave. Treinta pares de ojos asombrados contemplaban la escena en silencio.
La directora suspiró y explicó algo más a Fermín manteniendo la voz muy baja, encogiéndose de hombros y mostrando las palmas de las manos hacia arriba.
-Vale. Pues, vale. – dijo él con resignación, mientras ella ya salía de la habitación a zancadas.
- ¡Será que nos van a poner otra vez las estanterías de la biblioteca! sentenció una niña en un suspiro.
El profesor, indiferente al murmullo que empezaba a levantarse, se acercó a la ventana, apoyó un hombro en la pared, y miró largamente hacia las distantes lomas, cuajadas de pinos y retama.
- Recoged que ya es la hora.- dijo sin moverse de allí.
- Fermín ¿Qué nos van a traer?
- Recoged.
Por fin les miró y, por primera vez en todo el rato, sonrió.
- Anda, mañana hablamos.
Pero al día siguiente no hubo tiempo para hablar porque, justo cuando Fermín empezó a decir: - Vamos a remodelar la clase. Hay que hacer sitio aquí en este lado porque vamos a..., se oyó un traqueteo metálico por el pasillo, y unos nudillos golpeando la puerta. Fermín alargó teatralmente el brazo hacia y siguió: - Pues esto mismo: vamos a tener un nuevo compañero, de quien ni siquiera he podido hablaros, porque así son las cosas…
- ¡Efectivamente! – Contestó la directora empujando dentro de la clase una silla de ruedas con un niño delgado y con gafas sobre ella– Chicos: os presento a Alberto.
Conque eso era: un niño nuevo sentado en una aparatosa silla de discapacitado que, desde luego, ocupaba mucho: los de su fila no podían pasar por detrás, y los de atrás no podían echarse más hacia el fondo. Acabó poniéndose él sólo en el escueto pasillo que quedaba entre los pupitres y el armario, entrando el último y saliendo el primero, con una mesa más alta que el resto, que había que poner de lado para pasar.
Para bajar al patio, se dejaba su silla en el primer piso y el propio Fermín, lo llevaban en brazos por las escaleras, para sentarlo en otra silla de ruedas que dejaban en la planta baja. Y, cuando tenía que ir al servicio, también los mayores debían acompañarle.
Por lo demás, era un alumno aplicado, simpático y tranquilo que enseguida cayó bien a todo el mundo. En el patio empujaban la silla entre varios y jugaban al pilla pilla, o se quedaban hablando con él, cuando no había balón para jugar al fútbol. Algunos ratos Alberto se quedaba solo, y los profesores lo ponían al sol, cerca de ellos.
Pero pronto Susana y Mari Luz, de su misma clase, se hicieron estupendas amigas del niño. Alberto, como no podía moverse, había aprendido a hacer unas preciosas pulseras con tiras de plástico de colores, y unos estupendos animales de papel, cuya técnica enseñó a las dos niñas en cuanto se lo pidieron.
Su madre, que acababa de instalarse en el pueblo, estaba encantada con que Alberto pudiera ir al colegio con sus vecinos. Explicaba que, donde vivían antes, tenían que ir a un colegio especial, muy alejado de su barrio.
Un día, Susana oyó a su propia madre hablando en la calle con otras mamás. Se trataba de Alberto. Al parecer, tampoco le iban a dejar quedarse allí porque el colegio “no estaba preparado para sillas de ruedas”.
- Mamá, entonces ¿Alberto va a marcharse? No queremos que se vaya, mamá. Pero ¿por qué? – repetía Susana esa noche.
- Porque en el
colegio no hay rampas para su silla, ni barras para agarrarse en el váter –decía su madre.
- ¡Pues nosotros le ayudaremos!
- Que no, hija. Que la cosa no es tan fácil… Si el colegio no cumple la normativa de supresión de barreras arquitectónicas, y asistencia al discapacitado por personal especializado, entonces, no le dejan quedarse.
Susana se lo explicó por la mañana a Mari Luz y también a algunos otros que se arremolinaron alrededor, a la entrada del colegio.
- … que le van a echar porque el colegio es denormales – resumía la niña a su manera – y que nosotros no le podemos ayudar porque no somos alcaldes.
- Fermín – preguntaron ya en clase, antes de que la silla de ruedas llegara hasta dentro -¿por qué Alberto…?
- No sé. No os puedo decir nada. No sé. - El profesor parecía otra vez aturdido, como sorprendido por decisiones en las que él no había podido participar- Este colegio no está preparado para él. Necesitaríamos que se tomaran algunas medidas que no dependen de nosotros sino del Ayuntamiento, la Junta de Castilla y León y el inspector ¡Ya veis!
El niño seguía asistiendo a clase pero, consciente del revuelo que se había organizado, estaba cada vez más callado, mostrando una permanente expresión de tristeza tras sus gafas redondas.
Y llegó el día en que Fermín les contó que había que hacerle una despedida. Le hicieron un dibujo firmado por todos, se sacaron una foto de la clase de recuerdo y se compraron galletas de chocolate para merendar.
Pero todos estaban tristes tan tristes que aquello, más que una fiesta, parecía un castigo.
Al día siguiente, Alberto ya no volvió.
Fue entonces cuando los niños de 3º supieron lo que era una manifestación. El AMPA habló con la directora y, a la hora del recreo, se fueron al Ayuntamiento. Llevaban una pancarta que decía TODOS IGUALES. TODOS DIFERENTES. Y allí, en la plaza, frente al balcón de las banderas, se pusieron a gritar: UNIDAD, UNIDAD. ALBERTO, ALBERTO.
Y, por fin, les dijeron que se iba a poner un ascensor en el hueco de la escalera que daba al patio, y que se iba a hacer un váter especial, para que él pidiera agarrarse a unas barras. Mientras tanto, Alberto podría acabar el curso en el mismo colegio, pues se había convenido con su madre que ella ayudara en los recreos hasta entonces.
El día que Alberto volvió a clase, se organizó tal fiesta que, según cuenta el panadero, ¡aún la están celebrando!
Taller de Diversidad 5. Discapacidad intelectual
Carmen Espinosa Ballestero. Maestra de Educación Primaria.
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| By Vanellus Foto (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons |
Ofrecemos este Taller de Diversidad con dos objetivos: trabajar la comprensión lectora y educar en la igualdad.La necesidad desesperada de no ser diferente dentro de su grupo social es parte de la inmadurez de los niños y niñas. Si, además, perciben cotidianamente los prejuicios discriminatorios de los adultos, asumir las diferencias como naturales empieza a convertirse en inalcanzable.
Materiales: Seis relatos breves, centrados cada uno en una diferencia (física, intelectual, visual, auditiva y motriz) para trabajar en clase.
Desarrollo:
Primera posibilidad:Los alumnos/as leen el relato individualmente y realizan un cuestionario de comprensión lectora que previamente se prepare.
Segunda posibilidad:La profesora lee dos veces el relato. Tras la escucha, los alumnos/as dibujan cuatro viñetas en un folio resumiendo la historia con dibujos, bocadillos y texto. (Es cómodo pedirles que doblen la hoja dos veces y repasen las marcas con el lápiz) Después se recogen los trabajos para exponer en clase y se abre un debate sobre la diversidad.
Tercera posibilidad:Los alumnos/as preparan un cuentacuentos colectivo con el relato para leérselo a compañeros de otras clases. Tras la lectura, se forman grupos heterogéneos entre las dos clases y se reparte a cada uno un párrafo del cuento. El grupo realizará la viñeta correspondiente, de forma que, al exponer todas las viñetas en un corcho, se compone la historia. (Es cómodo numerar los párrafos que se les dan y poner el mismo número a la viñeta correspondiente. Los párrafos se pueden cortan directamente de la misma hoja para no hacer más fotocopias.) Ver
Revista Digital – Talleres- “Cómo animar la lectura expresiva en el aula”.
LA CUEVA IMPOSIBLE
- Mamá, Irene tiene un muñeco que se ríe. – dijo la niña.
- ¡Come!- contestó su madre.
- …Y una sillita rosa.- insistió la hija.
- ¡Que comas!- repitió su madre por toda respuesta.
- …Y una cuna de juguete ¿Podemos ir luego a su casa, mamá?- prosiguió la niña con determinación.
Entonces, fue la tía Berta quien contestó, pero tampoco ella parecía estar oyendo nada. Nada en absoluto.
- ¡Mejor estáis en la calle!- Eso fue todo lo que se le ocurrió decir.
Clara y su hermano Juan estaban encantados con su nueva amiga Irene, la hija de los panaderos de Atienza. Sin embargo, desde que llegaron allí a pasar las vacaciones, cuando hablaban de Irene a su madre y a su tía, las dos parecían completamente sordas.
Esa misma tarde, empujando por el pasillo un perrito de peluche, Clara alcanzó a oír la conversación de las dos mujeres
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| By Wilfredor (Own work) [CC0], via Wikimedia Commons |
trajinando en la cocina:
-No ellos no lo notan. -decía la tía Berta- Es que para ellos Irene es normal.
-Bueno, mujer. La pobre... Déjalo estar.
- Es que luego se pone violenta...
- Anda, anda. Son niños, pegará como todos.
- ¡Que no! ¡Que tú no has visto qué rabietas, esta Irene! Es que les puede hacer daño. Y tiene más fuerza que Juan.
-¡Berta, no exageres, mujer!...
-Ya me lo contarás... Pero si es como un niño pequeño, que ni se entiende cuando habla, pero, claro, con una fuerza que...
- ¡Bueno, no será para tanto! ¡Y cállate ya, por Dios, que te van a oír los niños!
La pequeña trifulca del otro lado de la puerta provocó en Clara una desazón imprecisa. Levantó al perrito y le dijo mirándolo a los ojos con solemnidad: – Irene es muy buena ¿sabes? Di Guau. Guaau Así. Guaau
Por la noche, Clara volvió a preguntar acerca su amiga.
- Mamá, ¿Por qué Irene habla tan mal? ¿Es que es china?
- ¡Que es mongólica, ya está! – disparó la tía.
- ¡Berta, mujer!- gritó mamá para hacerla callar.
- Es que tiene los ojos de china…–insistió la niña sin entender la explicación.
-…Y tiene la lengua muy grande – dijo Juan – y también es tartamuda, que lo dice Valeriana.
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| By Kari Reine (Kari Reine) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC-BY-SA-3.0-2.5-2.0-1.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons |
- ¡Ay, también esa Valeriana habla más que quiere, Jesús!- añadió la tía Berta censurando a la vecina de la casa de al lado- ¡Esa sí que no es tartamuda, que tiene la boca como un buzón!
***
El calor doblegaba la tarde en el pueblo. Clara, su hermano Juan y su amiga Irene jugaban en los soportales de la plaza, al resguardo del sol, mientras que los mayores sesteaban en sus casas. Un viejo cajón de la panadería, lleno de arena, y un cubo con agua de la fuente, era suficiente para pasar el tiempo haciendo tartas y pasteles.
- Irene ¿En este pueblo hay una cueva? - preguntó Juan.
- No zse...- contestó ella.
- Es que en todos los pueblos hay una cueva – explicó el niño – Una “cueva imposible”, porque nadie la encuentra, que tiene chucherías que cuelgan del techo, lo dice Valeriana.
-¡Pues tenemos que encontrarla, y llevaremos una bolsa para llenarla de chucherías!- propuso Clara entusiasmada- ¡Y haremos una fiesta, que va a ser tu cumpleaños, Juan!
- ¡Zsiiii! E callillo, allí – les explicó Irene señalando las ruinas del castillo, visibles desde la plaza.
- ¿Hay una cueva imposible cerca del castillo, Irene?
- Zsi e ca-ca-llillo.
***
- A ver. Pan con jamón. – Los brazos de la tía Berta les pusieron de pronto unos bocadillos ante los ojos.
- ¡Pues yo quiero chuches! – dijo Juan.
- ¡Y yo!- añadió Clara.
- ¡Y yy-yo! – dijo también Irene riendo como los demás.
-¡Sí, chuches para merendar!- respondió la tía Berta- ¡Estáis buenos! Y tú, Irene, a ver qué mocos tienes... - La niña levantó la mirada mostrando la cara especialmente sofocada- ¿No tendrás fiebre?
- E temm-moto… -dijo Irene.
- ¡Madre, qué dirá!- suspiró la tía.
- ¡El termómetro! – dijo Clara.
- Ah, si tú lo dices...- añadió la tía Berta sin mucho interés.
Pero, en efecto, Irene, que tenía la salud quebradiza, se había cogido una gripe en pleno verano. Así quedurante dos días dejó de salir a jugar a la plaza.
Fue entonces cuando desaparecieron los niños.
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No estaban en los soportales, ni en la fuente, ni en los bancos bajo el sauce, ni en las escaleras de la Iglesia. A la hora de la siesta, nadie en el pueblo se había cruzado con ellos.
Cayó la tarde y empezó a refrescar. Los primeros gritos de la madre y la tía llamando a los niños airadas, habían dado paso a una abierta angustia de las dos mujeres. “Esto no puede estar pasando” musitó la madre, presenciando cómo el alcalde organizaba una búsqueda ordenada. La tía Berta, pálida y con la respiración entrecortada, intentaba a su lado dominar el llanto: “No pueden estar lejos, mujer”.
Pero la meseta alcarreña se extendía alrededor del pueblo como un acartonado mar de campo, revelando, de pronto, a la aterrada madre la infinidad de cárcavas, barranquillos, pliegues y recovecos que era capaz de albergar. ¡El río, Dios Santo, el río...! ¡Que alguien mire por la orilla del río! ¡La carretera general! ¡Preguntad en la gasolinera si los han visto pasar!
Irene salió a la calle aún con fiebre, atraída por el revuelo, momentáneamente olvidada por los mayores.
- Mma-má – tiró del brazo de su madre con insistencia – Mma-má.
- Ay, espera. Anda, vete a casa, que estamos muy preocupados. – contestó ella.
-¡Mammmáá!
- ¡Calla, ahora, por favor!
La tía Berta contempló a la niña transida de impaciencia.
- ¡A ver si ahora le va a dar una pataleta! ¡Qué inoportuna es la pobre! ¡Claro, como no entiende...!” – musitó.
Pero la madre de Clara y Juan, dejando de repente de sollozar, se había quedado quieta mirando a la niña. Se agachó frente a ella y la cogió por los hombros:
- Irene ¿Tú sabes dónde están Clara y Juan?
(Contemplando impotente lo que ya le parecía una escena grotesca, la tía negaba con la cabeza).
- E callillo. A queva ipopible.
- ¡Qué va a saber! ¡Si lleva dos días sin salir...!
-¡Cállate, Berta! – gritó la madre. Luego, tragó saliva y se dirigió en voz muy baja a la niña:
Irene, ¿dónde?
- E callillo. A queva ipopible.
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- ¿Qué quiere decir? – exclamaron las dos mujeres a la vez.
Agazapados entre unas rocas, frente al cortado vertical de una profunda cárcava, encontraron a Clara y Juan...“junto al castillo, cerca de la Cueva Imposible”.
- ¿Pero, cómo se os ocurre...?– decía su madre – ¡Estáis helados!
Con un hilo de llanto agotado, Cara acertó a contestar:
- Te prometo que nunca más nos escaparemos. ¿Os dijo Irene que buscarais por el castillo, verdad?
***
-¡E lob-bo c-cosa!
- ¿El “lobo cosa”? Claro, bonita. Un globo rosa para ti, corazón. -decía la tía Berta en la fiesta de cumpleaños de Juan- ¿Ves cómo la entiendo? Es lo que yo siempre he dicho, en seguida se la entiende. Toma guapa, el globito rosa. Hala, bonita ¿quieres algo más?
Taller de Diversidad 6. Conocerse a uno mismo
Carmen Espinosa Ballestero. Maestra de Educación Primaria.
Cerramos este Taller de Diversidad llevando a los niños/as a reflexionar sobre la propia identidad. A través de un relato en el que la protagonista descubre súbitamente su verdadera naturaleza, los alumnos/as son expuestos a la idea de conocerse y aceptarse a uno mismo. Aunque no serán capaces de manejar el concepto, sí empezarán a intuir su significado y su trascendencia.
Estaremos encantados de preparar más relatos sobre otros temas que necesitéis, o sobre anécdotas o experiencias vuestras con las que os gustase que hiciéramos un cuento. (Enviad sugerencias a
lhotellerie@hotmail.com).
Buscando impartir inteligencia emocional a través de la animación a la lecto-escritura, apuntamos varias posibilidades para explotar este material:
Primera posibilidad: Los alumnos/as leen el relato individualmente y realizan un cuestionario de comprensión lectora que previamente se prepare.
Segunda posibilidad: La profesora lee dos veces el relato. Tras la escucha, los alumnos/as
dibujan cuatro viñetas en un folio resumiendo la historia con dibujos, bocadillos y texto. (Es cómodo pedirles que doblen la hoja dos veces y repasen las marcas con el lápiz) Después se recogen los trabajos para exponer en clase y se abre un debate sobre la diversidad.
Tercera posibilidad: Los alumnos/as preparan un cuentacuentos colectivo con el relato para leérselo a compañeros de otras clases. Tras la lectura, se forman grupos heterogéneos entre las dos clases y se reparte a cada uno un párrafo del cuento. El grupo realizará la viñeta correspondiente, de forma que, al exponer todas las viñetas en un corcho, se compone la historia. (Es cómodo numerar los párrafos que se les dan y poner el mismo número a la viñeta correspondiente. Los párrafos se pueden cortan directamente de la misma hoja para no hacer más fotocopias.) Ver Revista Digital – Talleres- "Cómo animar la lectura expresiva en el aula".
LA CORDERITA LEONOR
La cigüeña volaba con dificultad. Gracias a la gran visera de su gorra el sudor no le mojaba la frente.
- ¡Nunca he llevado una carga tan pesada! – Se lamentó - ¡Parece que me han metido piedras
en esta sábana en vez de corderitos!
¡Ajá! Allí abajo, en aquel verde prado, unas cuentas ovejas miraban ansiosas al cielo.
-¡Buenos días, señoras! – saludó la cigüeña mientras, por fin, aterrizaba librándose del peso del hatillo. -¡Y enhorabuena!
La cigüeña repartió los corderitos a sus mamás ovejas, consultando su lista de entrega.
- Esto... ¡disculpe, señora! – Dijo a una entusiasmada mamá - ¡Se ha producido un lamentable error! Lo siento pero esa corderita color canela no es suya. Me temo que esta vez no hay nada para usted.
La oveja frunció el ceño y la contempló indignada. De pronto, hizo ademán de ir a embestir a la pobre cigüeña.
- ¡No se preocupe, se la queda, se la queda! ¡Faltaría más! – Dijo la asustada cartera – ¡Buenos días a todas! – Y levantó precipitadamente el vuelo.
Y así fue como la pequeña Leonor llegó a este mundo.
Era una corderita verdaderamente grandota, tanto que sus amigos jugaban a subirse sobre su espalda, pues Leonor tenía un carácter dulce como la miel. Nunca abusaba de su fuerza y disfrutaba correteando por la pradera, persiguiendo mariposas y haciendo preciosos ramos de flores para su madre.
A medida que pasaban los meses, la diferencia de tamaño con sus hermanos se acentuaba. Todos contaban con ella para realizar las tareas que requerían de su inusual energía, como empujar la puerta de un cercado o, simplemente, dar calor a los más pequeños durante las frías noches del invierno. Leonor, sonriente y cariñosa, estaba encantada de ayudar a los demás. Era una ovejita feliz que no se enfadaba nunca.
Pero una tarde algo vino a perturbar la paz de aquellos prados: ¡El lobo!
-¡Leonoooor!- llamaban las ovejas – ¡El lobo ha acorralado a tu madre delante del barranco! ¿Qué podemos hacer?
La pobre Leonor fue corriendo hasta el despeñadero, y observó desesperada la escena.
- ¡Señor lobo! ¡Deje a mi mamá, por favor! – suplicó aterrada.
Sin embarago, el lobo ni siquiera volvió la cabeza para ver de dónde venía aquel tímido ruego.
-¡LEONOR! – gritó su madre cuando la vio.
Entonces, la ovejita sintió una especie de huracán envolviendo su cuerpo de patas a cabeza. Notó una extraña fuerza interior que empujaba su garganta. Abrió la boca desencajada y dejó salir por ella tal poderoso rugido de leona que el suelo tembló y las piedras se resquebrajaron.
- ¡¡JUUUUAAAAAAJJJJJJJ!
El lobo huyó despavorido y jamás volvió a ser visto por aquellos pastizales.
El rebaño aclamó y vitoreó a la joven leona de tal manera, que se acabó haciendo una fiesta
en su honor que duró tres días. Sin embargo, Leonor siguió siendo tan modesta y simpática como hasta entonces. Eso sí: enseñó a rugir a todas las ovejas del rebaño que, entusiasmadas, organizaron turnos para ir a sus clases.
Cuando, después de un tiempo, el pastor vio a un lobo corriendo delante de tres ovejas que no paraban de reír, soltó el bastón y se puso a reír él también hasta que le dolieron las costillas.
(Inspirado en un cuento tradicional)